martes, 9 de julio de 2013

Muerte de una pompa de jabón.





Como una pompa de jabón al explotar contra la acera de un suburbio, rota.
Como una taza de té al caer contra el suelo desde el armarito, rota.
Como una viga de madera estropeada por el tiempo, rota.
Como un trozo de hierro oxidado por la humedad de los años, rota.

El reflejo del paisaje en esa pompa de jabón, la decoración floral de esa taza de te, el esplendor que un día tuvo esa viga de madera, la magnificencia de la que formaba parte ese pedazo de hierro, todo eso quedo sepultado por el polvo de los años.

Mi alegría, mi ilusión, mi positivismo, mis saltitos infantiles al verte, nuestros furtivos mordiscos en el cuello, mis "tengo frió" solo para conseguir un abrazo tuyo de esos que me hacían flotar por la embriaguez que me provocaba tu olor corporal, nuestras discusiones estúpidas que siempre acababan en una sonrisa pícara con los brazos cruzados, fingiendo enfado... Las risas... Los llantos en los que tu me consolabas, nuestras citas improvisadas, cuando me echaba a caminar dejándote con la palabra en la boca y me seguías hasta encontrarme en un rincón llorando tras haberte abierto mi alma, tras haberte dado mi corazón con mis propias manos, tras haberte confesado en prosa mis sentimientos, descritos tal y como eran sentidos, las veces que me enfadaba contigo por teléfono y te colgaba, y cuando a los 30 segundos te llamaba para pedirte perdón y tu lo aceptabas sin siquiera pedir una maldita explicación...
Recuerdo la última vez que corté tu llamada... la última vez que te colgué... fue la última vez que oí tu voz sin estar yo rota, rota como esa pompa de jabón, o esa taza, o esa viga, ese trozo de hierro oxidado... Fue la última vez que pude disfrutar de ese dulce timbre, esa melodía que son tus palabras en el aire.

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